EL 17 DE SEPTIEMBRE CAMBIARÁ LA ECONOMÍA MUNDIAL
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ES
Published
Aug 30, 2025
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El 17 de septiembre, la Reserva Federal
se va a reunir para decidir algo que
puede cambiar la economía de Estados
Unidos de un día para otro, si mantener,
subir o bajar los tipos de interés. Ya
no hablamos de una reunión cualquiera,
hablamos de una decisión que marcará el
rumbo de la nueva economía americana. Lo
que se decida allí puede hacer que tu
hipoteca se dispare o que, si estabas
pensando en refinanciar se abra una
oportunidad única. Si estás buscando
trabajo, esa reunión puede determinar si
lo encuentras pronto o si el mercado
laboral se congela aún más. Y si tienes
ahorros, inversiones o una pequeña
empresa, también lo vas a sentir. La Fed
está jugando con un equilibrio frágil.
Si se pasa de mantener los intereses
altos como están ahora mismo, los bancos
y las familias pueden asfixiarse. Si
afloja demasiado pronto, los precios
volverán a subir y nuestro dinero valdrá
cada vez menos.
Pero hace nada en Jackson Hall, que no
es un sitio cualquiera, es donde todos
los años se juntan los banqueros
centrales del mundo a soltar pistas de
hacia dónde van los tiros, el mensaje
fue directo. Igual empezamos a bajar los
tipos dentro de poco. No lo dijeron con
esas palabras, pero los mercados lo
entendieron así. Y claro, con solo una
insinuación de Powell, que es el
presidente de la Fed, cambian los
precios de las hipotecas, se mueve el
dólar y hasta la bolsa se pone nerviosa.
¿Te imaginas que tu jefe solo dijera,
"Quizás el mes que viene haya recortes y
toda la oficina dejara de dormir
tranquila?" Pues eso pasa en la
economía. Ahora, ¿por qué importa tanto?
Porque la inflación, que es cómo suben
los precios, ya no está descontrolada
como hace un año, pero tampoco está
muerta. La infracción general está en
2,7% en julio de 2025. Eso suena casi
normalito, pero cuando quitamos comida y
energía, que siempre suben y bajan como
una montaña rusa, lo que queda es la
inflación subyacente y ahí seguimos en
3,1%.
¿Qué significa? que llenar el carro del
súper puede que no sea tan caro como
hace un año, pero alquilar una casa o
pagar servicios sigue costando cada vez
más. El otro lado de la balanza es el
empleo. La tasa de paro ya subió a 4,2%
en julio de 2025. No parece un drama si
lo ves solo como un número, pero si
miramos el paro más amplio, que incluye
a gente que trabaja pocas horas porque
no encuentra más o que está en empleos
basura, se va a 7,9%.
Y eso ya empieza a doler. ¿De qué sirve
que los precios se calmen si no hay
trabajo suficiente o si los empleos ya
no alcanzan? Aquí entra en juego cómo se
transmite todo esto a nuestra vida
diaria. La Fed maneja una cosa que se
llama la tasa de fondos federales. Hoy
está en 4,33%.
Nosotros no pedimos préstamos a ese
tipo, pero los bancos sí. Y lo que hacen
luego es subirnos los intereses en
tarjetas de crédito o préstamos
personales. Por eso, si la Fed aprieta,
nuestra tarjeta de crédito también
aprieta. Luego tenemos el bono del
tesoro a 10 años, que hoy paga a 4,33%.
Ese numerito es el que marca lo que
cuesta una hipoteca a 30 años. O sea,
que si ese bono sube, tu hipoteca sube,
aunque no hayas hecho nada. Y claro, con
hipotecas altas y precios de las casas
que no bajan, el mercado de vivienda se
queda tieso. Ni los que quieren comprar
pueden, ni los que podrían vender se
animan porque están enganchados a su
hipoteca vieja con tipo bajo. Y no
olvidemos a las empresas, si el crédito
se encarece demasiado, un pequeño
negocio no se arriesga a pedir un
préstamo para contratar a alguien o para
ampliar stock. Resultado, menos empleo.
Así es como una decisión que se toma en
un despacho en Washington termina
afectando al bar de la esquina o a la
tienda de barrio. Aquí está el doble
filo. Si la Fed no baja tipos a tiempo,
se viene lo que llaman aterrizaje duro.
Paro subiendo, empresas recortando y
familias agobiadas porque no llegan a
fin de mes. Pero si baja demasiado
pronto y la inflación se calienta otra
vez, lo que se va por la ventana es
nuestro poder de compra. Porque de qué
sirve tener curro si cada vez que vamos
al súper sentimos que la cartera se
vacía más rápido? Para verlo más claro,
miremos los precios. El coste de
vivienda dentro del IPC sigue en 3,7%. O
sea, el alquiler y la hipoteca siguen
apretando. La energía, en cambio, está
más barata, cayó 1,6%
y la gasolina bajó todavía más, un 9,5%.
Sí, llenar el depósito cuesta menos,
pero eso no compensa la clavada del
alquiler. Y si miramos el mercado
laboral, también se nota el frenazo. En
junio había 7,43
millones de vacantes con una tasa del
4,4%.
Antes había casi el doble, lo que
significa que ahora hay menos empresas
buscando gente y si hay menos vacantes,
toca competir más por cada trabajo, con
lo que eso implica para salarios y
estabilidad. Mientras tanto, el producto
interior bruto, que es lo que produce
todo el país, creció a 3,0% en el
segundo trimestre de 2025. En principio
parece un buen número, pero no hay que
fiarse. La curva de tipos de los bonos
sigue mandando señales raras. Cuando un
bono a corto plazo paga más que uno a
largo, es como si el mercado estuviera
gritando, "¡Se viene recesión!" Y ese
grito pocas veces se equivoca. Así que,
¿qué opciones tiene la Fed ahora mismo?
Primero, dejar las cosas como están y
esperar a ver qué pasa. Segundo, empezar
a recortar si la inflación sigue bajando
y el mercado laboral se enfría más. Y
tercero, lo más probable, pero no
imposible, volver a subir tipos si ven
que los precios de los servicios, que
siguen subiendo un 3,6%
no ceden. Cada una de estas jugadas
tiene un riesgo. Si se quedan quietos,
el paro puede subir demasiado. Si bajan
demasiado pronto, la inflación puede
revivir. Y si suben otra vez, se cargan
lo poco que queda de oxígeno en el
consumo.
Mientras tanto, los mercados están en
plan, a ver qué dice la Fed, como si
fuera el tráiler de una serie. ¿Y qué
implica esto para nosotros? Que cada vez
que Power suelta un guiño, tu banco
puede ajustarte la hipoteca, la bolsa
puede dar un salto o desplomarse y el
dólar verse más fuerte o más débil.
Vale, hasta aquí hemos visto el dilema
de la Fed, pero ahora viene lo que de
verdad importa. ¿Cómo nos afecta a
nosotros en la vida diaria? que los
tipos de interés se queden altos o
incluso suban más, porque una cosa es
escuchar, la Fed mantiene la política
monetaria restrictiva y otra es darte
cuenta de que eso significa que al final
de mes no te cuadra la tarjeta.
Empecemos por lo más sangrante, las
tarjetas de crédito. Los intereses que
nos cobran los famosos APR, que son
tipos variables, se calculan a partir de
esa prime rate que depende de la Fed.
¿Qué significa? que si ellos mantienen
los tipos altos, el banco nos clava
todavía más. El resultado es que si
antes pagabas $200 de interés al mes,
ahora igual pagas 250. Y lo peor es que
la deuda empieza a hacer bola de nieve.
Y si encima te retrasas, cuidado, te
bajan el límite de crédito y te aplican
comisiones por impago. Vamos, que lo que
parecía un pequeño desfase se convierte
en un marrón gigante. Con las hipotecas
pasa algo parecido, pero más gordo. El
mercado de vivienda está atrapado. Los
intereses de la hipoteca a 30 años
siguen altos porque dependen del bono
del tesoro a 10 años que ya vimos antes.
¿Qué significa en la práctica? que
alguien que quiere comprar una casa se
encuentra con una cuota imposible,
aunque el precio de la vivienda no haya
bajado. Pongamos un ejemplo sencillo.
Una casa de $300,000,
que con intereses bajos suponía pagar
unos $1,300 al mes, ahora fácilmente se
va a más de 2,000. Y claro, eso deja
fuera del mercado a mucha gente. Por eso
decimos que el mercado está congelado.
Los que tienen hipotecas antiguas a
tipos bajos no venden, porque si venden
tendrían que comprar otra casa más cara
con un interés más alto. Y los que
quieren entrar no pueden porque las
cuotas son una losa. El efecto también
se nota en los préstamos para coches y
consumo.
Comprar un coche ahora es mucho más caro
a crédito, no solo por el precio del
coche en sí, sino porque el interés hace
que la cuota mensual sea bastante más
alta.
Mucha gente está optando por plazos más
largos, cinco, seis o incluso 7 años
para poder pagar. Pero eso significa que
el coche pierde valor antes de que
termines de pagarlo. O sea, terminas
debiendo más de lo que vale tu coche en
el mercado. Las pymes, que son los
pequeños negocios, también sufren con
tipos altos. Un restaurante que necesita
renovar maquinaria o una tienda que
quiere ampliar stock en lugar de pedir
financiación lo piensa dos veces porque
los intereses están por las nubes. Y
claro, si no hay inversión no hay
contrataciones nuevas, se retrasan
proyectos y la economía se enfría.
Además, los bancos se ponen más duros
para dar crédito. Piden más garantías,
más papeles, más todo. Resultado, el
pequeño empresario lo tiene cada vez más
difícil. Y si las pymes frenan, lo
siguiente que cae es el empleo. Ya lo
estamos viendo. Menos vacantes,
congelación de aumentos de sueldo y
empresas que optan por subcontratar en
vez de contratar directamente.
Los sectores más sensibles a los tipos,
como la construcción, el inmobiliario o
el comercio de productos duraderos, los
típicos bienes que no compras todos los
días, como muebles o electrodomésticos,
son los primeros en recortar. ¿Qué pasa
entonces? Pues que se abre un círculo
vicioso, menos empleo, menos consumo,
menos ventas y vuelta a empezar. Tampoco
podemos olvidarnos de los ahorros y las
inversiones. Si tienes dinero en bolsa,
ya te habrás dado cuenta de que cuando
los tipos suben demasiado, las acciones
sufren. ¿Por qué? Cuando los tipos de
interés suben, los bonos del gobierno
empiezan a pagar más intereses. Y como
son seguros, muchos inversores prefieren
meter ahí su dinero antes que
arriesgarse en la bolsa. Eso hace que el
dinero se salga de las acciones y la
bolsa se vuelva más volátil subiendo y
bajando sin control. El problema es que
mucha gente tiene su jubilación
invertida en acciones y al bajar estas
sus ahorros también se reducen. Y claro,
tampoco sirve correr a los bonos de
largo plazo buscando seguridad, porque
cuando los tipos suben, esos bonos
pierden valor en el mercado. Es decir,
el que pensaba estar a salvo también
acaba con pérdidas. El gobierno tampoco
se libra. Con los tipos altos, los
intereses de la deuda pública suben y
Estados Unidos tiene una deuda enorme.
Eso significa que cada año el Estado
gasta más dinero solo en pagar intereses
y lo que sobra para servicios o
inversiones es menos. Al final lo
terminamos pagando todos, o con menos
servicios públicos o con más impuestos
en el futuro. Y aún hay más, un dólar
fuerte. Cuando la Fed mantiene los tipos
altos, invertir en dólares se vuelve más
atractivo para gente de todo el mundo.
Eso hace que el dólar se fortalezca
frente a otras monedas. A primera vista
suena positivo, pero tiene un lado
negativo. Si el dólar está más caro, los
productos de Estados Unidos también se
encarecen para los compradores
extranjeros y eso significa que las
exportaciones bajan porque a los
clientes de fuera les resulta más barato
comprar en otros países. ¿Quién se lleva
el golpe? Industrias como la manufactura
y la logística que dependen de vender
fuera. Todo esto pinta un panorama donde
claramente mantener los tipos altos por
más tiempo es un golpe directo al
ciudadano. Por eso, muchos defienden que
no tiene sentido subir más. ¿Y cuáles
son los argumentos a favor de un
recorte? Vamos por partes. Primero, la
política monetaria actúa con retraso. Lo
que la Fed aprieta hoy se siente de
verdad dentro de varios meses. La
inflación ya está bajando con ese 2,7
general y el 3,1 subyacente, pero siguen
apretando más. Dentro de medio año
pueden haberse pasado de frenada y
provocar un parón innecesario. Segundo,
aunque la Fed no suba más los tipos,
estos ya son un freno fuerte porque la
inflación está bajando. Si hace un año
los precios subían un 6% y el interés
estaba en 4%, la cosa parecía más suave.
Pero ahora que la inflación está en
torno al 3% y los intereses siguen en
4%, la diferencia se siente mucho más.
Tercero, el tema vivienda. Los intereses
altos en hipotecas hacen que menos gente
compre, pero eso también presiona a los
alquileres porque las familias se quedan
atrapadas sin poder salir de su piso. Si
hubiera un respiro en las tasas, podría
haber más rotación, más oferta de casas
en venta y con suerte un alivio también
en los precios de alquiler. Cuarto, la
estabilidad financiera. Cuando los tipos
de interés suben muy rápido, los bonos
que tienen los bancos pierden valor. Eso
fue justo lo que pasó con varios bancos
medianos y regionales. Tenían muchos
bonos comprados cuando los intereses
estaban bajos y de repente esos bonos ya
no valían lo mismo en el mercado. El
resultado fue que se quedaron con
agujeros en sus balances y tuvieron
problemas para responder a los clientes.
Aunque en su momento la situación no se
descontroló, si hubiera otra subida
fuerte podríamos ver a más bancos en
apuros. Quinto, la productividad. Si los
tipos siguen muy altos, las empresas
recortan proyectos de inversión en
maquinaria, tecnología o digitalización.
Eso significa innovación y menos
capacidad de crecer en el futuro. Y si
pensamos en grande, menos crecimiento
potencial para el país entero. Sexto, un
dólar un poco más débil no vendría mal.
Ayudaría a las exportaciones y a la
industria sin que eso signifique
descontrolar la inflación. Séptimo, las
expectativas de inflación siguen
controladas. Los ciudadanos y los
mercados todavía creen que los precios
estarán estables a medio plazo. Eso le
da margen a la Fed para recortar poco a
poco sin miedo a que la gente pierda
confianza. Y octavo, el mercado laboral.
Sí, todavía está aguantando, pero ya se
notan señales de enfriamiento. Más paro,
menos vacantes. Eso permite reducir la
presión sin que el desempleo se dispare
de golpe. En resumen, mantener los tipos
altos más tiempo tiene más costes que
beneficios. Y lo que hoy puede parecer
prudencia, mañana puede convertirse en
un frenazo que pagamos todos. Vale,
hasta ahora hemos pintado el panorama
complicado de la Fed, pero no todos son
malas noticias. Si de verdad empiezan a
bajar los tipos, podemos movernos para
aprovecharlo y vamos a ver cómo. Lo
primero es pensar en la hipoteca. Si
bajan los tipos, mucha gente podrá
refinanciar. ¿Qué significa eso? Pues
básicamente volver a negociar la
hipoteca con un banco a un interés más
bajo. No es gratis, hay costes,
comisiones y papeleos. Pero si la
diferencia entre tu cuota actual y la
nueva es suficiente, compensa. Por
ejemplo, si hoy pagas 2000 al mes y con
la refinanciación bajas a 1600, en un
año ya habrías recuperado lo que
gastaste en comisiones y a partir de ahí
todo son ahorros. La clave está en
calcular bien el punto de equilibrio,
cuánto ahorras al mes y cuánto pagas por
el cambio. Luego pensemos en
inversiones. Hoy muchos están refugiados
en los bonos del tesoro porque pagan
bien y son seguros. Pero si empieza un
ciclo de recortes, puede que interese ir
poco a poco a plazos más largos donde
las rentabilidades futuras estarán más
jugosas. No es cambiar todo de golpe,
sino ir escalonando. En bolsa también
hay sectores que se benefician cuando
bajan los tipos. La vivienda y las
constructoras suelen revivir porque más
gente puede pedir hipotecas. Los RIDS,
que son fondos de inversión
inmobiliaria, también se animan. El
consumo duradero, como coches o
electrodomésticos repunta porque la
gente puede financiar más barato. Y por
supuesto, la tecnología, sobre todo las
empresas que viven del crecimiento
futuro, suelen brillar más cuando el
dinero cuesta menos. Eso sí, no hay que
volverse loco. Lo sensato es entrar poco
a poco, no perseguir subidones, porque
la bolsa es caprichosa y lo que hoy sube
mañana puede corregir. También pensemos
en los que quieren comprar su primera
casa. Un recorte puede abrir el mercado.
Más listados, más gente vendiendo, más
poder de negociación para el comprador.
Si de verdad quieres lanzarte, conviene
tener ya preparada la preaprobación
hipotecaria y todos los papeles en
regla. Así, cuando llegue el momento, no
pierdes la oportunidad. Las pymes y
autónomos también tienen margen de
maniobra. Refinanciar líneas de crédito,
fijar una tasa si el banco ofrece la
opción o incluso adelantar compras de
inventario cuando el dinero es más
barato puede marcar la diferencia. Y ojo
con el empleo. Si la economía respira
con tipos más bajos, las empresas
vuelven a contratar. Es buen momento
para mover el currículum, actualizar
competencias o incluso mirar dentro de
tu propia empresa si hay huecos para
crecer. Por último, pensemos en el
dólar. Si se debilita un poco con los
recortes, Estados Unidos gana en
exportaciones y el turismo de fuera
también se anima. Eso significa más
movimiento económico interno y eso
siempre se traduce en más oportunidades
de negocio y empleo. La clave está en no
quedarse quieto. Los recortes de la Fed
no son un botón mágico que arregle todo,
pero sí abren una ventana para ajustar
deudas, mover inversiones y aprovechar
oportunidades. Si lo jugamos bien, el
dinero empieza a trabajar a nuestro
favor en lugar de ahogarnos. Esperamos
que te haya gustado el vídeo. Si es así,
nos ayudaría muchísimo que nos dejases
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